domingo, 8 de enero de 2017

El epicureísmo de Lucrecio

El epicureísmo de Lucrecio

La principal obra filosófica romana de influencia griega, todavía en época republicana, fue De rerum natura (inacabado a la muerte del autor en 55 a. C.), el intento de Lucrecio de difundir en Roma el pensamiento epicúreo. En realidad, esa escuela ya había llegado a la Roma un siglo antes, cuando un decreto (de fecha no aclarada, el 173 o el 154 a. C.) expulsó de Roma a los filósofos epicúreos Alceo y Filisco por sus costumbres "licenciosas".

La tentativa de Lucrecio no tuvo éxito: el epicureísmo sólo alcanzó una difusión modesta entre grupos populares e intelectuales aristócratas que vieron en esa filosofía una vía de escape del mundo político en el que estaban inmersos: la crisis de la República.


Era políticamente peligroso en Roma adherise al epicureísmo, que sostenía la convencionalidad del las leyes del Estado, negaba la religión tradicional y sustituía la intervención del ciudadano en política, que consideraba fuente de infelicidad, por las relaciones de amistad. Por ello Cicerón condenó el epicureísmo de Lucrecio como el pensamiento de los filósofos plebeyos, a pesar de encomiar su altura poética.

El conservadurismo de Catón y el helenismo del círculo de los Escipiones

El conservadurismo de Catón y el helenismo del círculo de los Escipiones

Retrato funerario de Catón el Censor y su esposa Porcia.
El primer núcleo en el que se produjo este fenómeno de asimilación del clasicismo griego fue el círculo creado por Escipión Emiliano en la segunda mitad del siglo II a. C., que reunió a eminentes personalidades de las letras de su tiempo, incluyendo a historiadores y filósofos, como Polibio, Panecio de Rodas, Publio Rutilio Rufo, Cayo Lelio Sapiens o Quinto Elio Tuberón. Estos intelectuales, fascinados por la cultura griega, buscaban el ennoblecimiento de la cultura romana sin renunciar a los valores que habían hecho a Roma grande. Proyectaban una fusión entre los ideales de perfección y armonía, y el desarrollo de las cualidades humanas, propios de la civilización griega, con los valores tradicionales de la aristocracia latifundista romana: el mos maiorum (las costumbres de los antepasados), el sentido de la legalidad, severidad, austeridad, frugalidad y compostura, el comportamiento enérgico e inspirado en la virtus ("virtud", pero también "condición propia del varón"), cuya pureza había sido vigorosamente defendida por Catón el Censor en la primera mitad del mismo siglo.

El mantenimiento de estos valores de la tradición antigua era la obsesión de los intelectuales más conservadores. Catón el Censor se rebelaba contra la moda filo-helénica, a la que juzgaba individualista y de un refinamiento estetizante, peligrosa culturalmente, políticamente disolvente y desintegradora de los valores morales y políticos del civis romanus.

La nueva clase dirigente romana debía no obstante adaptarse a una realidad política compleja como el vasto imperio mediterráneo que había conquistado Roma, renovando los principios culturales y políticos en términos más flexibles y adaptables que la rigidez del mos maiorum.

Época republicana

Época republicana

Primeros contactos

El contacto de los romanos con el mundo griego se remonta a sus propios orígenes, puesto que la relación de la civilización etrusca con la griega era una relación fluida.
Con la conquista romana de Italia (siglo IV a. C.), y especialmente la de la Magna Grecia (la parte sur de la península, caracterizada por la presencia de prósperas colonias griegas), los romanos entraron cada vez en mayor conocimiento de la producción intelectual griega. Con la conquista romana de Grecia (siglo II a. C.) fue cada vez mayor el prestigio que alcanzó entre la élite romana el helenismo en todos sus aspectos, a pesar de la contradicción que esta cultura tenía con la idiosincrasia de la cultura romana, alejada de la especulación, la investigación pura y las sutilezas dialécticas; contradicciones que los más tradicionalistas y defensores de los valores establecidos de entre los intelectuales romanos no dejaron de señalar. Cuando en 155 a. C. Carnéades, durante una embajada, pronunció un discurso demostrando la existencia de la justicia, para acto seguido pronunciar otro negando su existencia, los senadores escandalizados expulsaron a los filósofos griegos.

La llegada de nuevos filósofos y pedagogos griegos, traídos por los romanos ricos para la educación de sus hijos, inició un irresistible proceso de difusión de la cultura griega en Roma.

Filosofía romana

Filosofía romana

Filosofía romana o latina es la filosofía correspondiente a la Antigua Roma, en textos de lengua latina y de lengua griega. El pensamiento romano o latino se caracterizó por evitar la especulación pura y la búsqueda del pragmatismo y el eclecticismo, priorizando la filosofía práctica (ética y filosofía política) frente a la filosofía teórica (metafísica, lógica y epistemología).1 Su identificación con una extensión de la filosofía griega (filosofía greco-romana, como el resto de los rasgos de la civilización greco-romana) es un tópico cultural, iniciado en su propia época.
Ex oriente lux, ex occidente dux ("la luz viene de oriente, el poder de occidente").
Graecia capta ferum victorem cepit ("Grecia, conquistada, conquistó a su feroz vencedor").
Quinto Horacio Flaco, Epistulæ II (Epistularum liber secundus -año 14 a. C.-), 1 (Sobre el gusto popular y el jucio, destinada a Augusto), 156.
Los principales filósofos romanos de época clásica fueron Lucrecio, Cicerón, Séneca y Marco Aurelio. Mucho prestigio también tuvieron los filósofos griegos de época romana. En el periodo tardorromano lo fue Agustín de Hipona. El latín siguió empleándose como la lengua de la filosofía occidental hasta el siglo XVIII.
Roma locuta, causa finita ("Roma habló, el debate terminó").
San Agustín, 23 de Septiembre de 417.

1.8.3 Ética Romana: Marco Julio Cirenón y Seneca.

Cínicos. Parte XXII. Diógenes de Sinope.

Diógenes de Sinope.

Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero fue rechazado, ya que éste no admitía discípulos, y ante su insistencia Antístenes le amenazó con su bastón, pero Diógenes le dijo: no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir.

Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, contestó "mandar, mira a ver si alguien quiere comprar un amo".

Cuando le invitaron a la lujosa mansión le advirtieron de no escupir en el suelo, acto seguido le escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio.

Cuenta una anécdota que Alejandro Magno dijo en cierta ocasión, que de no haber sido Alejandro, le hubiera gustado ser Diógenes.

Argumentaba así: todo es de los dioses, los sabios son amigos de los dioses, los bienes de los amigos son comunes, por tanto todo le pertenece al sabio.


Una vez, que estaba tomando el sol, se paró frente a él Alejandro y le dijo: pídeme lo que quieras. Diógenes contestó: no me quites el sol.

Cínicos. Parte XXI. Antístenes.

Antístenes.

Cuando le preguntaron qué es lo que había aprendido de la filosofía, respondió: ser capaz de hablar conmigo mismo.

Al preguntarle qué cosa era lo mejor para los hombres, dijo: morir felices.

Decía que por todo equipaje se debería llevar sólo el que en caso de naufragio, pudiera nadar con él.

Las opiniones que más le gustaba repetir eran: que la arete se puede aprender. Que la arete es suficiente en si misma para la felicidad. Que el sabio es autosuficiente, pues también son suyos los bienes de los demás. Que el sabio no vive según las leyes establecidas, sino según su propia arete.

Diocles le atribuye también lo siguiente: para el sabio ninguna cosa le es extraña o imposible.

Es más útil pelear con pocos buenos contra muchos malos, que con muchos malos contra pocos buenos.

Hay que prestar atención a nuestros enemigos, porque son los primeros en descubrir nuestras debilidades.


La virtud del hombre y de la mujer son la misma.